lunes, 13 de octubre de 2008

EuroBrownies

En mi nuevo Hogar somos sopotocientos, a cada cual más europeo (menos una libanesa). Abundan los griegos (3), las alemanas (2) y hay un empate francés-española-libanesa. El caso es que una de las alemanas vive para cocinar. No para la tía. El otro día hizo un chocolate cheesecake para morirse y yo, ilusa de mí, comenté con toda la casualidad que se puede esperar de una chica como yo: a mí me sale un brownie muy rico.

(Inciso para especificar que las únicas comidas "elaboradas" con las que me atrevo son las croquetas, ensaladilla rusa, crema de calabacines y el brownie. Así jamás ligaré...)

Al oír este sencillo comentario mío, la Alemana se sintió cuanto menos provocada y gritó histérica que su brownie sin duda era mejor que el mío. Tiene 30 años y una necesidad agotadora de ser perfecta. Pero es maja; y le encantan los pistachos, como a mí.

Y así fue como terminamos organizando el I EuroBrownie.

La cita fue ayer domingo y voy a ser buena y no aburriros con cómo cocinamos de bien y lo estupendo que es nuestro horno. Sí debo comentar que la Alemana confiaba plenamente en su receta, pero desconocía mis dos ingredientes secretos: chocolate puro Valor (el de toda la vida) y un buen chorrón de Baileys.

¿Qué quién ganó? Pues igualito que la final de la última Eurocopa. ¡Bien, Lucía, bien! La Alemana lo encajó como pudo. Criaturilla.

miércoles, 8 de octubre de 2008

The Celestine Prophecy

Es simple casualidad que durante el descanso para comer de hoy (una pasta con atun divina que prepare ayer noche tras llegar del pub), mientras leia la Carta con Respuesta de Rafael Reig en Publico.es (hablaba sobre toros y fuagras), me entraran unas ganas inmensas de devorar el pate la Piara que el otro dia compre en el Garcia's de Portobello, y justo entra Polaca II en la habitacioncilla trasera (donde comemos, vagueamos y lo que haga falta), comenta el buen olor que desprende mi comida y me ofrece a continuacion un poco de la suya: tostadas con pate polaco??????

Desde que un compi en Cou me regalara por el Dia del Libro Las Nueve Revelaciones (James Redfield), mi manera de enfrentarme a las casualidades es otra. No me pasan desapercibidas sin mas, sino que me pregunto si tendran un mensaje oculto tipo "Polaca II y yo seremos amigotas para siempre" o, mas rebuscado aun, "deberia irme a Nueva Zelanda a trabajar en una granja de ocas"...

PD: no hay acentos ni interrogaciones bien puestas porque estoy en el curro y estos teclados son britanicos.

lunes, 6 de octubre de 2008

Rude Tuesdays

En ocasiones hasta el mejor trabajo del mundo se te hace cuesta arriba. Menos mal que la culpa (en este caso) es de los clientes.

El Dueño, con todo mi apoyo, ha establecido los martes como el Día Maleducado (Rude Tuesdays), tanto para clientes como para empleados. ¿Qué por qué? Pues porque el martes pasado la clientela se sobró bastante; tanto, que recibí una defensa multitudinaria hasta de los propios compradores cuando no pude más y, haciendo gala de una profesionalidad brutal, se me escapó un sentido “Fuck off”.

Anécdotas que sustentan esta nueva etapa en la librería:

1. Un Subnormal (hombre, británico, 60 años apróx.) llega al mostrador con un Penguin Classic naranja que ya debía estar amarillento cuando Massiel ganó Eurovisión. Nuestros precios están siempre en la primera hoja, a lápiz en el margen superior derecho. Eran tres libras. Y el Subnormal va y repara en el precio que aparece en la contraportada: 25 peniques. Es cierto que el cliente siempre tiene la razón, pero también es cierto que la segunda mano británica tiene sus propias leyes (verídico) y para ello tenemos multitud de carteles estratégicamente colocados que explican nuestro sistema de precios. El Subnormal, apurado por no poder salirse con la suya, muy indignado espetó a Polaca II que no estaba dispuesto a pagar tres libras por ese libro, a lo que mi compi del norte le contestó, con harta gracia y acierto, que estaba en pleno derecho de no querer pagar tres libras, y que nadie le obligaba a ello. Al final el Subnormal tiró con desprecio las tres monedas sobre el mostrador y se marchó con el libro de la discordia.

2. Poco después llega una Gilipollas (mujer, Europa del Este, 25 años apróx.) con un libraco muy tocho de Economía que había comprado en nuestra tienda en mayo, nueve libras. Aseguraba que no lo había leído y que por tanto quería el reembolso íntegro. Por supuesto no tenía el recibo. Nuestra política en estos casos es la siguiente: independientemente de si la persona ha hecho uso o no del libro, siempre que haya pasado más de un mes desde la compra (si es menos se devuelve todo), y siempre que tengan el recibo, pagamos hasta la mitad de lo que costó el libro, o pueden cambiarlo por otro de igual o menor precio. Pero la Gilipollas quería sus nueve libras de vuelta, porque sí. Para convencer al Dueño de que tenía derecho a ello, ponía el acertado ejemplo de comprar un jersey en el H&M, darse cuenta de que no lo quiere y devolverlo. No hacía más que obviar el hecho de que no tenía recibo, junto con el de haber efectuado la compra en mayo (como ella misma bien se empeñaba en repetir). La pobre debía de ser Gilipollas de verdad y no comprendía que no cediésemos. Entonces traté de hacerle entrar en razón con una intervención digna de Oscar: A ver, mujer, si tú compras un coche nuevo, desde que sales del concesionario su valor se reduce automáticamente a menos de la mitad. Ya es segunda mano y no podrías venderlo por el mismo precio que lo compraste. Pero la tía repetía una y otra vez el ejemplo absurdo del jersey del H&M. El Dueño trataba en vano de explicarle cómo si le pagara las nueve libras la librería no haría ningún negocio, puesto que el precio de los libros incluyen gastos extrínsecos como facturas, sueldos, alquiler del local… Y hasta hizo la bromilla de preguntarme si estaba dispuesta a trabajar dos horas gratis para compensar el dinero que perdería haciendo lo que la Gilipollas le pedía. Me negué claro está. Para no alargar la historieta más, al final la Gilipollas se fue muy digna abrazando su libraco y amenazando con venderlo ella solita por Internet, como mínimo por treinta libras.

3. Al rato un GG (gordo y grosero) húngaro-canadiense y su mujer francesa súper maja entran preguntando por la sección de Shakespeare y, una vez mostrada, el GG me pide que le evidencie el baño, a lo que respondo implacable que no tenemos baño para clientes. El GG se irrita sobremanera y empieza a gritarme que menuda cosa tan insensible de decir, y que si de verdad le voy a hacer salir de la librería sabiendo como sabe ahora que hay un baño muy cerca que no le está permitido usar. Le repito que no disponemos de servicio público. Le indico cómo llegar al Starsucks y al volver me mira con cara de odio infinito y me repite que soy una persona horrible. En ese momento doy media vuelta y para mí ese ser ya no existe. Luego viene al mostrador con varios libros y me pregunta si se los podría reservar hasta nuevo aviso. Yo ni siquiera hice amago de mirarle, pero Polaca II estaba a mi lado y le hizo esa pregunta tan grosera con la que encolerizamos a diario a nuestros clientes: ¿Hasta cuándo? El GG, con la tosquedad que ya sospechábamos, le contesta “Si te parece hasta marzo, ¡pues una hora coño!”. Y se marchó. Y Polaca II, aún con la pila de libros en las manos, me miró asustada, sin saber cómo descargar toda esa ira que vivía en su interior. “Si yo fuera tú, separaría las manos y observaría dónde la gravedad considera que deben caer los libros” le recomendé con amor. A la hora volvió el GG y ni mi compi ni yo parecimos advertir su presencia. Se quejó y pataleó hasta que el Dueño en persona recogió los libros del suelo y le cobró.

Menuda gentuza. Por no hablar de la gente que se tira pedos (sonoros y sordos). En fin,

yo a lo mío.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Reposar es bueno

Mi cuerpo ha tardado un ratito, pero por fin logró vencer a la mente y hace tres días gritó con todas sus fuerzas: ¡¡Me toca ya!! Vamos, que estoy enferma. Y la última vez que estuve resfriada no la recuerdo, pero fue hace más de tres años seguro. Supongo que tras tanto cambio y tanto estrés (sumado a los catarrazos de ambas Polacas, que así las apuñalen por la espalda y se desangren hasta morir, que ellas cumplen con su trabajo sí o sí) mi pequeño cuerpo no ha podido resistir la tentación de pasar dos días tumbado, bien arropadito e ingiriendo cada hora varios tés de limón, jengibre y miel.

Eso sí, mi mente la pobre se ha aburrido cual heavy-metalero en un concierto de Dolly Parton: aburrida y exasperada. Porque ya estoy instalada en mi nueva casa, pero el ordenador y los libros siguen en la antigua. Menos mal que una es previsora y el otro día en la librería, después de que Polaca II estornudara en mi cara sin taparse la boca, cogí prestados un par de libros.

El primero fue un bodrio divertido sobre la experiencia hindú de varios jovenzuelos británicos: Are you experienced? (William Sutcliffe). El autor desde luego no aspiraba a escribir un nuevo En busca de tiempo perdido, y ni falta que le hace. Porque era un bodrio, sí, pero ameno. Concedo que en el estado de sopor y aburrimiento en el que me encontraba quizás hubiera encontrado ameno hasta un folleto sobre cómo combatir la osteoporosis.

Los protagonistas tienen todos entre 18 y 20 años, y son inglesitos que se van de viaje a India para encontrarse a sí mismos y paridas semejantes. Uno lleva más de un año viajando por el país y va de hippy molón pero cada poco recibe un cheque bien cargadito de sus papis. Otro va descalzo por la vida desde hace ni se sabe cuánto y fuma porros sin parar utilizando un cono naranja. Y así todos: una historieta tonta.

¡Pero!, y este pero es bien importante, no me pasaron desapercibidos ciertos detalles del argumento que hacen que este cuento jamás pudiera haber sucedido con protagonistas españoles. Porque los personajes acaban de terminar el cole y, en lugar de ir como borregos directos a la universidad, se pasan el año siguiente (o años) viajando por el mundo, trabajando o ambas cosas a la vez. Y no sólo eso: nada más terminar el colegio/instituto la prioridad absoluta no es la Selectividad, sino marcharse de casa de los padres (si es que no se han ido ya) y encontrar un piso de alquiler con amigos, conocidos o desconocidos.

Quiero dejar muy claro que me encantan muchas cosas de España, no sólo la paella y las croquetas. Soy española, me siento española y creo que España es cojonuda para mil cosas. También creo que el lugar perfecto no existe, pero es que me parece que ciertas españoladas claman al cielo de una manera tal que, de momento, me han hecho buscarme la vida en otro lugar. A saber:

- El mito real de vivir con tus padres hasta los cuarenta. Es cierto, y lo he vivido en mis propias carnes, que el tema Irse-De Casa en España no está nada fácil, puesto que poquita gente alquila y los que lo hacen piden cantidades descomunales entre el depósito y los catorce años de aval. Pero también hay mucho comodón que prefiere que le planchen y le cocinen, y a los 27 aún se cree sus propias excusas de "ya, es que yo no sabría ni freírme un huevo..." ¡pues aprendes coño!

- El ya mencionado cuasi-inexistente y complicadísimo mercado de alquiler español, junto con la idea generalizada de que alquiler es perder dinero y la única posibilidad coherente es meterte en una hipoteca a 60 años totalmente desorbitada y cuya relación calidad-precio (pisos pequeños, o pasados Parla) a mí me resulta bastante incoherente.

- La jornada laboral típica española: de 9 a 7, con dos horas absurdas para comer y la mayoría de las veces como se te caiga el boli a las 7 serás mirado con desprecio. Lo normal es dar lo máximo hasta las tantas. Admiro de verdad a las sociedades en las que trabajar más allá de la hora no está bien visto, no es serio y denota que no has sido capaz de hacer tu trabajo en las ocho horacas que has tenido.

- Los sueldos irrisorios. Los becarios de cincuenta años.

Todo esto es posible porque es una rueda: si te quedas en casa de tus padres hasta los treinta entonces puedes ser becario hasta los treinta. No dudo que el quid de esta cuestión tan problemática esté en las altas esferas nacionales, los que mueven las cuerdas de todo el tinglado y deciden cómo funciona todo, pero creo que la sociedad conformista y poco seria que muchas veces es España tiene también harta culpa.

He dicho.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Ferias Varias

Skoob Books no es una librería al uso. Te lo dice una que sabe. Remontémonos...

... Nada más terminar la carrera, Comunicación Audiovisual (o Pinto y Coloreo), me marché a Edimburgo y allí entré en contacto por primera vez con el mundo de las librerías.

Trabajé en Armchair Books dos años maravillosos en los que aprendí a manejarme entre libros, además de conocer a muy buena gente, amigos que siempre lo serán.

Desde entonces he trabajado en otras tres librerías más, Skoob y dos mega inmensas que vendían libros como quien vende ruedas o batidoras (Borders y Fnac): precios insultantes, administración explotadora y público tirando a cateto. Se salvaban, y no siempre, los compis.

Elegí venir a Londres, entre otros motivos, porque es el Lugar al que has de ir si quieres dedicarte a las librerías de segunda mano. Hace varios años tuve clarísimo que lo que de verdad quería hacer era abrir una librería-café en Menorca, y hasta me planté en la isla dispuesta a inspeccionar el terreno. Es una pena que en España TODO tenga que ser de primera mano, como si las cosas (ropa, libros, discos...) usadas contagiaran que sé yo.

Pero a lo que iba: jamás conocí mejor librería de segunda mano que Skoob. Es tan organizada como cualquier macro librería, pero con un carácter que las otras ya quisieran para sí. Y el volumen de negocio no es irrisorio, ni muchísimo menos. Ya he comentado que el Dueño NO PARA, y eso se traduce en cientos de libros nuevos (y muy baratos) cada semana, exposiciones de arte en las paredes y, sobre todo, ferias y más ferias.


(Aquí estamos la Polaca I y Yo con mi amigo Guille, poseedor de la cámara de fotos. Los animales son palomas asquerosas, no pollos)

Cada sábado ponemos un puesto de libros en el patio de un centro comercial al aire libre. La celebración en sí se llama Saturday Farmer's Market y todos los demás puestos, salvo nosotros, son culinarios: helados, pasta y pesto italianos; quesos, champán y crepes franceses; comida caribeña, nigeriana, maltesa, española; frutos secos y chocolates del mundo; panadería y dulces polacos; cookies americanas... Nunca he estado en la ONU, pero debe ser parecido. Huelga decir que cada semana somos los mismos caretos, y desde hace tiempo me alimento de manera semi gratuita.

Otra feria se celebra el tercer domingo de cada mes en un hotel muy pijo: Antiquarian Book Fair. Para la ocasión vienen a Londres anticuarios de todo el Reino Unido y el ambiente es viejuno (huele a rancio, a sopa) pero me encanta.

Anécdota del domingo pasado:

No sólo tocaba una feria anticuaria sino que hubo dos, a cada cual más exclusiva. El Dueño, las dos Polacas, el Músico y yo nos turnamos de aquí para allá durante diez amenas horas, de una feria a otra y luego a la tienda, que abre cada día.

En un momento dado me fue encargada la Misión de transportar un libro harto valioso a la feria más pudiente, y allá que me fui.

Por el camino (unos escasos 200 metros) me imaginaba lo estupendo que sería atreverse a actuar como un personaje de Paul Auster, dejarlo todo y a todos y huir con ese libro que tenía entre mis manos y cuyo valor monetario superaba las mil doscientas libras (era un primera edición de Las Mil y Una Noches encuadernada en oro y con ilustraciones de un tipo muy importante). Pero, ¿huir dónde, si mil libras se te van en vivir sin florituras un mes?

Cuánta razón tenía Mark Twain al decir aquello de que la realidad es, por supuesto, muchísimo más compleja que la ficción, puesto que la ficción debe tener sentido.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Celebritites in London IV

Buenas,

Retomo el blog tras este prolongado paréntesis que para nada se ha debido a unas merecidas vacaciones estivales, sino más bien al giro de 180 grados que cierta vida (la mía) ha sufrido en el último mes. Lo único que se mantiene como estaba es mi curro en la librería de mis sueños.

Precisamente ayer pedaleaba a casa (una temporal) después de trabajar y ¡paf! ¿A quién me encuentro más estirado que un pollo parando un taxi con un paraguas en Paddington?

A Alan Rickman.

Siempre me ha parecido un actorazo, desde su papelón que da una anguña más que palpable como el malo de Robin Hood, el príncipe de los ladrones, hasta su enternecedora caracterización del sufrido Coronel Brandon en Sentido y Sensibilidad.

Hablando de esa película, también ayer encontré en la librería un manuscrito de mi querida Emma Thompson con el guión de Sense & Sensibility más el diario y diversas impresiones que mi actriz favorita recopiló durante el rodaje de la peli. Así me he enterado de anécdotas que me hacen amarla mucho más, como cuando se quedó de piedra al enterarse, vía telefónica, del accidente a caballo de Christopher Reeve (trabajaron juntos en Lo que queda del día); o cuando confiesa que más de una mañana se levantó con un resacón que ni un batido de antalgines podría haber hecho desaparecer. Me encanta esta mujer.

Cambiando de tema, todavía no he presentado ni descrito a mis compañeros de faena. Allá voy:

El Jefe o Dueño de la librería es un británico de 53 años que NUNCA desconecta. Cuando no está poniendo precio a unos libros está en casa de alguien que acaba de morirse escogiendo qué parte de su biblioteca le interesa, o si no está en Oxford, donde tenemos la tienda online y donde se guardan los libros más valiosos. Cuentan los compis que desde que compró el negocio, hace más de cinco años, sólo se ha ido cuatro días a su casa de Torremolinos, y porque (contra su voluntad) le compraron un billete de avión y le llevaron al aeropuerto diciéndole que iban a inspeccionar la biblioteca de algún muerto reciente.

Una especie de Supervisor que no quiere serlo, también británico de unos 50 años máximo, que trabaja una semana en Londres y otra en Oxford. Es tímido hasta decir basta, pero domina como nadie, sobre todo en materia de arte. Lleva trabajando para Skoob Books desde que la primera tienda abrió en Covent Garden en 1979, así que ha conocido todas y cada una de las etapas y localizaciones de esta librería tan emblemática.

Dos Polacas, ambas llamada Ania, que son un poco agobio porque no paran ni un segundo, y encima pretenden que los demás sigamos su ejemplo, a mi entender erróneo. La Polaca I tiene 28 años y es una control freak para todo. Ahora le ha dado por atiborrarse de libros de psicología y trata de psicoanalizarnos a todos. Es divertido. La Polaca II nació justo un día después que yo (es decir, pronto cumplirá 27 años) y está saliendo con el Dueño. Yo no puedo comprenderlo. Se llaman Honey, Baby y similares, y yo no sé qué habrá visto el uno en la otra y vicebestia.

Un Lituano de 25 años que trabaja exclusivamente en el sótano de la librería, donde tenemos un almacén enorme (pero más pequeño que el de Oxford). Es muy majete, a pesar de que NO…PARA…DE…HABLAR. Pero no es como aquel Segundo Socio de mi último trabajo en Madrid (menudo infierno), sino que habla de temas muy interesantes y en ocasiones harto desconocidos para mí: Rusia, Putin, Lituania, los países Bálticos, Bielorrusia… Tiene la cabeza muy bien puesta y es el culpable de que haya vuelto a engancharme a Lost/Perdidos, pues se pasa las horas en internet haciendo yo que sé qué y se sabe todos los trucos para encontrar todo tipo de ofertas y para ver películas y series gratis.

Una Irlandesa de 24 años que se marcha ya de ya a las afueras de Shangai a enseñar inglés durante un año. Sin duda es mi gran compi del curro y es una verdadera pena que se marche. Está terminando Antropología y su tesis de fin de carrera trata sobre la anorexia. Cuenta unas cosas espantosas.

Otro británico de unos 40 años que sólo trabaja los fines de semana. En realidad es Músico y tiene una banda con un nombre genial: Cindy Talks. Me encanta coincidir con él porque no es un adicto al trabajo y juntos vagueamos tranquilamente, apoyándonos el uno al otro.

En Oxford trabajan tres Gordas inmensas (dos británicas y una americana) y una Rusa. De momento sólo he ido una vez, así que no puedo contar mucho sobre ellas.


Ahora imaginaros a toda esta gente aquí dentro:

martes, 2 de septiembre de 2008

Aceptarse o desear un tsunami

Es quince de agosto y en Londres llueve. Mi novia y yo hemos roto y ese árbol que se ve por la ventana fue plantado antes de que yo naciera. En invierno una urraca vive entre sus ramas y yo no creo que me quede en esta ciudad más que unos meses más. Cumplo veintisiete años en noviembre.

Con todas tus fuerzas quieres que tu relación funcione. Con todas sus fuerzas un señor quiere que su cáncer de próstata no sea mortal.

Lo bueno se acaba y lo bueno vuelve, hasta que te mueres. Si morirse es bueno o malo para el muerto nunca lo sabremos.

Ganar un partido. Ganar la quiniela, las elecciones o un concurso de relato breve. Perder al dominó, perder la guerra o el jersey favorito. Yo he ganado partidos y perdido jerséis.

El cielo está encapotado y el señor Klisteroy no va a venir porque no existe y esto es sólo es un cuaderno.

Oriente y Occidente, norte y sur, chicos y chicas, liberales y conservadores. El otro día vi una ardilla aplastada en el asfalto.

Oyes un ruido y esperas que sea tu ex. Pero es el vecino y te sientes gilipollas por lo contenta que te has puesto para nada.

Me compré unas zapatillas rojas porque estaban de oferta. Mi madre me compró unas marrones que eran más baratas todavía. Mi abuelo podría morirse muy pronto y yo sólo pienso en cortarme el pelo y teñirlo de blanco, como Annie Lennox.

El papel se acaba y cabe otra historia: un compañero de la librería está muy seguro de que en menos de cincuenta años alguna causa natural o pandémica hará que la sociedad occidental olvide sus proyectos globalizadores y pro-desarrollo para volver al tribalismo más tradicional.

Repetir la palabra "macarrón" tres veces en un mismo párrafo no suele quedar muy bien. Repetir "más" suele pasar más desapercibida, pero yo me doy cuenta y anoto mentalmente (otra vez) que un diccionario de sinónimos es más necesario que un viaje a China por mi cumpleaños. Por suerte ambas necesidades no son excluyentes.

Un corazón roto no dura para siempre. Ni siquiera una auto estima por los suelos dura para siempre. Sólo hay una cosa que dura para siempre, aunque yo creo que siempre me gustará escuchar Dancing Queen o comer obleas. Montaigne dice que una persona sólo puede contestar a la pregunta de si ha tenido una vida feliz en el momento de su muerte. Hasta entonces todo puede ocurrir.

Compras carne una vez cada dos semanas porque no te llega. No es divertido. Una conocida trabaja para un banco muy famoso vendiendo lingotes de oro a quien se deje. Tampoco es divertido. El otro día le dieron un bonus de cien mil libras. La única cosa que hasta ahora no me entraba en la cabeza era la genética. En el colegio nos ponían ejercicios y yo no acertaba ni una. Solía contestar "albino de ojos marrones", era mi manera de dar a entender que no quería perder mi tiempo ni el de nadie.

Mi familia no lleva bien mi homosexualidad. Yo no llevo bien su homofobia. Muchos españoles no se dan cuenta de que su manera de hacer turismo es muy parecida a la de los japoneses.

Me gustan Woody Allen, Daniil Kharms y Gorky. Me gusta Orwell y me gusta Voinovich. Me gustan los Monty Phyton, French & Saunders, Martes y Trece y Leslie Nielsen. Me gusta bailar, comer, el fútbol y Martha Wainwright. Soy simpática, tímida, imaginativa y una vez contemplé seriamente la idea de tirarme por la ventana. No quería morirme, sino llamar la atención para no ser yo la única que dijera cosas bonitas sobre mí.

Tengo miedo a la muerte y al que dirán. No estoy en contra del individualismo, pero para mí la felicidad es estar tranquila.

Un coche tiene la chapa pintada de rosa. Las campanas repican y los autobuses tienen prioridad sobre los demás transportes. No es seguro que ir a ayudar a Afganistán o recoger cocos en Nueva Zelanda vayan a hacerte más feliz. El que huye, huye con todo. La clave es aceptarse.

No me he dado cuenta de agosto.