miércoles, 11 de mayo de 2011

Todos los caminos llevan a Marianne


So, here I was reading Richard Brautigan's In Watermelon Sugar. Pfff. I know, he's great and there's no other possible assumption but give me a break man! In the book there are two female characters, Margaret and Pauline. One is heartbroken and dies while the other cooks carrots and gets the man. Whatever. I immediately sided with Margaret. And then I found out, thanks to Wikipedia, that Neko Case (from The New Pornographers and for some years now on her own) wrote a song about them and that she also sided with the loser. Ha! I went to my Music Folder and there it was her album Fox confessor brings the flood that I hadn't listen to in ages and, as I played Margaret Vs Pauline, I even began to look at the book in a new light. I love her voice:




And, as I listened to the whole album, I recognised another song, one that Marianne Faithfull sings and I didn't know it was a cover from Neko Case. Ha!






lunes, 9 de mayo de 2011

Brujulilla & Pacotilla (4a parte)


Dormir con alguien no siempre es fácil: Brujulilla es de esas que leen por la noche, siempre, hasta que no puede más; Pacotilla es de esas que roncan por la noche y les molesta la luz; Brujulilla trataba de paladear su fabulosa lectura de Nooteboom pero Pacotilla exigía oscuridad total cada vez que se hartaba, con razón, de La rebelión de los fumadores (Julio Fuertes).

El miércoles despertaron relativamente temprano y directas condujeron sus ampollitas a Bruselas Nord. ¡Caminar más my ass! Dos billetes para Amberes, gracias. Pacotilla tenía muchas ganas de ir allí, pero Brujulilla temía estar a punto de enamorarse. Y así fue.

El trayecto en tren no llegó a la hora y de la estación caminaron al centro evitando cualquier atisbo de mega-bulevar-comercial, aunque para ello hubiera que visitar la iglesia de San Carlos Borromeo y otra de otro santo con acuarelas del Camino de Santiago. En la Grote Markt hicieron fotos a la estatua verde de Antígona Vs Brabo y decidieron alquilar unas bicis. El mapa les habló de un lugar de comida barata, Taloortes, pero nunca lo encontraron y optaron por volver a hacer de las suyas y engullir Frituur Forever en una nueva plaza sin protección solar. Fue horroroso. La comida también.

El alquiler de bicis estaba sito en pleno paseo marítimo (en realidad era un río) y lo primero que hicieron fue coger un ascensor que les llevó 32 metros bajo tierra y así cruzar el río comosellamase por un túnel subterráneo no demasiado ancho por el que los benditos amberienses circulaban en bici a toda velocidad, en ambos sentidos, y sin inmutarse. Muy divertido.

Una vez al otro lado, recorrieron el "paseo marítimo" de esa orilla y terminaron en una suerte de Benidorm belga: chiringuitos, guiris autóctonos friéndose en bañador y una playa en la que estaba terminantemente prohibido bañarse. La cercanía del Mordor particular de Amberes, ensombreciendo el horizonte como si sería mi corazón, debe ser la explicación más fiable para tal respeto por las señalizaciones porculeras.

Se acomodaron en uno de los chiringuitos y degustaron de nuevo la imcomparable Hoegaarden. De pronto un grupo de chavales muy feos, ellos y ellas, se sentó a su vera. Entonces la camarera les echó la bronca por haber metido las bicis y les pidió que las sacaran del chiringo pero ellas no tenían candados y fue un momento tenso. Acabaron marchándose en secreto para que la camarera no se diera cuenta. Habían pagado la primera ronda y estaban esperando la segunda, con lo cual no era ningún simpa, pero Brujulilla y Pacotilla son ejemplos ejemplares de lo que viene siendo el Eneatipo Psicológico VI: cobardía, carácter paranoide y acusación.

Volvieron a cruzar el túnel tó rápido y Brujulilla, dueña y señora del mapa, encabezó la excursión nº 2. Ciclearon por la zona portuaria (al parecer Amberes tiene el segundo puerto más grande de Europa por detrás de Hamburgo) y siguieron y siguieron y de repente, ¡sí hombre!, llegaron a lo que sólo puede ser calificado como el lugar más molón del universo: el Matadero de Madrid con césped y fuentes y chorros y mangueras para que los niños se mojen y un bar semicircular con hamacas para todos y hasta camas y un montón de niños jugando y chillando y gente de todos los colores y modelos internacionales y Brujulilla y Pacotilla bebiendo cerveza y haciendo fotos de todo aquello sin poder parar de sonreir.

Como todo lo bueno, las bicis debía ser devueltas y eso hicieron (eneatipo VI, no olvidar). Luego comieron un gofre y se sentaron varias horas en un mismo banco. Planeaban lo que harían a continuación pero no se levantaron. Teorizaron sobre cosas muy importantes, bueno ellas siempre. De esto y de lo otro. Por fin anduvieron un poco más al compás del recorrido nº 1 (sur de Amberes) y llegaron hasta el Stadspark. Esa noche era la final de la Copa del Rey y Pacotilla pasaba pero Brujulilla es del Madrid a muerte y les pareció mejor idea volver a Bruselas para ver la derrota azulgrana.

(Un último apunte aquí: fue en este momento cuando Pacotilla, aún conocida como Inés, acuñó con todo su amor y mayor boquiabiertismo el apodo "brujulilla" para quien hasta ahora había sido conocida como Lucía. Y es que en pleno Stadspark, con una alergia brutal (Lucía) que amenzaba cosas feas y unas ampollas (Inés) de órdago, lo único que querían era coger un tren. Entonces Brujulilla, siempre tan astutamente orientada, sentenció que el camino más recto sería atravesar la autopista y los bloques que tenían delante y seguro que la estación estaba detrás. Y no se equivocó. Por cierto que esos bloques eran el barrio judío y Pacotilla nunca antes había visto pulular a los jasídicos con su black & white y sus tirabuzoncitos y quedó prendada de la vestimenta ortodoxa: "ojalá yo pudiera tener un estilismo tan definido").

De nuevo en Brussels corrieron en busca de un bar donde poder gozar del gol de Cristiano Ronaldo y lo encontraron al lado justo del Manneken Pis, de modo que las cervezas eran carérrimas pero estuvieron observando al niño meón más famoso del ¿mundo? 90 minutos, más la prórroga. Pacotilla siempre animó al Barcelona hasta que salió Adebayor y sus hormonas no pudieron resistirlo. Brujulilla continuó siendo una mujer solitaria, a pesar de tratar de camelarse a la camarera con su ingenioso chiste de pedir cada Bel Pils (cerveza) diciendo "Can I have a Bel... please?". Jamás funcionó.


N de la A: como si seria mi corazon es licencia mia, con motivo y todo. Tranquilidad!

lunes, 2 de mayo de 2011

Brujulilla & Pacotilla (3a parte)


La primera noche se durmió con el único sobresalto de Pacotilla gritando histérica "¡¡SORPRENDENTEMENTE!!" por partida triple y en sueños. A pesar del paro cardiaco, una noche muchísimo peor aguardaba a Brujulilla.

Despertaron jubilosas y se probaron distintos outfits pero, donde no hay no hay: no tenían ropa de verano alguna y las lipotimias estaban más que aseguradas. Aún así nunca se olvidaron de llevar consigo a Ramoncín (chaqueta de cuero/plástico que hace las veces de cuero en el caso de Brujulilla) por si acaso, por si refrescaba a la vuelta atravesando de noche el Risky Sex.

Ninguna se había parado a pensar jamás en si Magritte era belga o no, y mucho menos en si Bruselas albergaría la mayor colección del artista en el Museo... Magritte. De camino a tan magno acontecimiento - ambas eran fans totales, cada una por sus motivos - visitaron la Catedral y pasaron un calor horroroso. El Museo no defraudó y lo vieron todo y se hicieron fotos y compraron postales y al final casi se desmayan del calor y del hambre. Brujulilla apuntaba maneras pero aún no tenía el mapa de la ciudad entera tatuado en su cerebro, de ahí que comieran patatas fritas grasientas en la primera plaza sin sombra que les salió al paso. Frituuuur Forever.

El lugar escogido para realizar una óptima digestión fue Warende Park, frente al Palacio Real. Brujulilla comentó, una vez más, lo muchísimo más inclinada que se sentía por los parques de trazado inglés (césped, árboles, jungla) y lo poco que le atraían los franceses (caminos de arena, setos recortados, falsedad por todas partes). Oséase, que no le gustó nada el parque. Mientras Pacotilla trataba de echarse una siestecita, Brujulilla leyó en voz alta unas palabras que había anotado hacía poco en su libreta y que provocaron en su amiga un ataque risil infinito: a lo mejor es que me va a venir la regla, pero esta mañana me he levantado con una sola convicción profunda: me va a tocar ser una mujer solitaria. Ante tal recibimiento de sus íntimas intimidades, Brujulilla se negó a seguir leyendo y convenció a Pacotilla para afrontar sin miedo el recorrido nº3 completo: European Walk.

El camino empezaba cerca de allí, en un barrio pobretón en el que Pacotilla se sintió como en casa, siempre tan hippy y multirracial. Compraron uvas, petazetas y un peine y siguieron una calle chunga que a las pocas manzanas, sin haber cambiado de nombre, se convertía en una calle señorial con casacas a derecha e izquierda y un parque en el medio, Maria Luiza. Un poco más arriba giraron Archimedes Strat a la derecha y se toparon con el barrio europeo en su plenitud. Restaurantes y comercios varios en todos los idiomas de la EU y la Comisión Europea a los lejos y, al acercarse, periodistas entrevistando a dos representantes de Greenpeace y ellas se hicieron fotos y Brujulilla rememoró con cierto orgullo aquel 10 que sacó en Historia en selectividad al resumir impresionantemente la creación de la Unión Europea en una cuartilla holandesa.

Las ampollas no detuvieron su empeño por llegar hasta el Parque del Cincuentenario. Sus cuerpos colapsaron sobre el mullidito césped y Pacotilla se enamoró de un hombre negro que pasaba por allí y Brujulilla no se enamoró de nadie, entre otras cosas porque estaba convencida de que le iba a tocar ser una mujer solitaria. Cuando volvieron a reunir fuerzas, caminaron de nuevo al centro pasando, eso es así, por el bello Leopold Park y por el Parlamento Europeo, donde inmortalizaron fotográficamente el momento a los pies de la estatua de una mujer muy enfadada que sujetaba un símbolo de Euro. No salieron nada favorecidas debido a las ojeras y las patas de gallo.

Hacía tan buena temperatura que la plaza frente al European Parlament estaba atestada de euro-cerebritos, lo mejor de cada país sin duda. Jugaron a pasearse con gracia por entre las mesas y cazar marido/mujer pero no tardaron demasiado en sentirse totalmente fuera de lugar y optaron por volver al hotel, caminando, y abrir la lata de berberechos que Brujulilla guardaba en su maleta. Glamour.

Las ampollas les obligaron a detenerse cual emergencia vital en la Plaza de la Libertad para beber Hoeogarden. Tras semejante parada solicitada retornaron al hotel, se ducharon, comieron berberechos enlatados, murieron un poco y volvieron al centro para ponerse tibias a base de mejillones gratinados en Chez Leon, the place to be total. Habían dejado en el Husa President las ganas de repetir juerga en el Delirium y de nuevo cruzaron el Risky Sex de noche y con el mismo miedo de siempre. Roncaron como unas benditas.



Continuara... en Amberes.

domingo, 24 de abril de 2011

Brujulilla & Pacotilla (2a parte)


Bruselas centro puede recorrerse andando aunque es recomendable haber hecho el Camino de Santiago como pre-calentamiento . En su primera toma de contacto, Brujulilla y Pacotilla no siguieron rumbo alguno, que si la Plaza de los Mártires, que si la Grand Place. Espontáneamente se toparon con un local lleno de hippies en el que ofrecían mapas gratuitos de las principales ciudades belgas - Bruselas, Gante, Amberes, Brujas, Lovaina y Mechelen. No eran mapas al uso, estaban trazados por lugareños que recomendaban sitios molones poco turísticos, así como recorridos completos por las distintas barriadas. A Brujulilla siempre se le había dado genial orientarse y enseguida se hizo dueña y señora del turisteo a pie.

Ninguna había dormido demasiado la noche anterior y vagaban lastimosamente y pasando un calor brutal, pues ambas hicieron caso omiso a las predicciones de 25 grados constantes que tanto la BBC como TVE habían asegurado sin parar. Sin chanclas, sin chores y con cazadoras de cuero: Ramoncín a tope. Se malsentaron en el primer restaurante que les metió mejillones por los ojos y la verdad es que grandecitos no fueron. De beber tomaron la salsa, salada a más no poder, pero la pela es la pela.

Para evitar quedarse fritanga sobre el suelo empedrado, optaron por volver al hotel y dormir la mona. Brujulilla primero se dio un merecido baño en el que continuó el libro maravilloso que había comenzado unas horas antes en el Eurostar: The following story, del holandés Cees Nooteboom. Preciosísisisisimo.

Varias horas después sólo un exacerbado sentimiento de culpa unido a una sola imagen cerebral, pizza, contribuyeron a que salieran de la cama dispuestas a quemar Bruselas la Nuit. Pizza, Grand Place, Manneken Pis y derechitas al Delirium Tremens, un pub con 30 cervezas de grifo distintas y repleto de querubines (por primera vez en su vida Brujulilla y Pacotilla empezaron a ser conscientes de que sus patas de gallo y demás arruguillas faciales estaban ahí para quedarse). Las probaron todas, o casi, sin moverse de su spot encaramadas a la barra mientras se hacían fotos recíprocas con cara sénsual y ojos bizcos. No es fácil posar así y beber Floris White al mismo tiempo. Diversos muchachos se le acercaron de tanto en tanto y llegaron a la conclusión de que los belgas son más latinos que nórdicos en el ligar. Suerte.

Aquel lunes fue la única noche loca que se permitieron (ellas aún no lo sabían). La primera vez que atravesaron Alberto II a oscuras - previa parada necesaria en un kebab donde a Pacotilla le faltó escribirle el número de habitación al camarero, de tantas explicaciones como le dio - vivieron el Risky Sex en sus propias carnes y tuvieron miedo y trataron de caminar rapidito pero Brujulilla ponía más interés en comer patatas fritas que en correr, para desesperación de Pacotilla.

Don't fret: llegaron sanas y salvas al Husa President y al día siguiente... ... fue martes.



... continuará.

sábado, 23 de abril de 2011

Brujulilla & Pacotilla


No era la primera vez que nuestras dos protagonistas viajaban juntas. Edimburgo, Alicante, Menorca, Salamanca, Praga, Viena, Budapest, Londres, Túnez... eran tantos los lugares que habían descubierto en común. Ahora le tocaba el turno a Bruselas y alrededores. Brujulilla y Pacotilla.

La una, Pacotilla, en avión desde Barajas, Madrid; la otra, Brujulilla, en tren desde Kings Cross, Londres. Brujulilla llegó un poco antes pero sus dotes como líder expedicionaria aún no habían alcanzado ningún cenit y recorría una y otra vez el perímetro completo de Brussels Midi sin ser capaz de enfilar hacia el centro, hacia el hotel Husa President que según la web estaba a cinco minutos de la Grand Place y donde a la sazón había quedado con Pacotilla. Ésta última aterrizó en Charleroi, que no Bruselas, y le tocó coger un autobús a, ¡oh cielos!, Brussels Midi. Nada más apearse marcó en su celular el número de Brujulilla, quien a su vez había tratado inútilmente de advertirle vía SMS de su posible tardanza debido a que no era capaz de orientarse, mapa en mano. Aún no era consciente de que la red telefónica Belga "Proximus" tenía todas las papeletas para convertirse en su peor enemiga; resolvió que no tenía saldo (a pesar de haber puesto el día anterior) y au. Sí pudo, sin embargo, recibir la llamada de Pacotilla y rápidamente esclarecieron que, mira tú qué oportuno, entre ambas distaban muy pocos metros.

El reencuentro en el Panos (bocadillería) fue jolgorioso a la par que conveniente y juntas dirigieron sus pasos, protagonizados por pies aún sin ampollas, al metro de la propia estación, pues Pacotilla había sido más lista que el hambre al advertir que el plan inicial de Brujuilla (= caminar hasta el hotel) era cuanto menos demencial.


hotelaco en pleno Manhattan bruselense

Algún hijoputa les recomendó que bajaran en la parada Rogier, igual que otro malnacido había mentido sobre lo del hotel a cinco minutos de la Grand Place. ¡Los cojones! ¡Cinco minutos la que te va a dar ésta! Ni siquiera Rogier, al norte total de la zona centrum, el otro extremo en el axis transversal que cruza Bruselas desde la estación Midi (que significa, ya, yo tampoco lo entiendo, Sur), está a cinco minutos del Hotel Husa President. De hecho está a 15 minutos. Pero cuando no sabes dónde está ubicado exácticamente algún lugar las distancias se te hacen soporíferas e incluso te entra miedo y sólo atinas a pensar "oh, oh".

En Rogier comienza el Boulevard Albert II, en cuyo número 44 se levanta erguido el dichoso hotelito. El bulevar en sí es lo que viene siendo un Manhattan solitario. Los rascacielos son alucinantes a pesar de que nadie pasee por ellos, si acaso algunos fumadores se concentran en las aceras. Nada más ver el percal Brujulilla pensó, bastante acertadamente, que por la noche esa zona tenía aspecto de dedicarse a la profesión más antigua del mundo: risky sex.

Los rascacielos se sucedían en el silencio más puro, hacía mucho calor (y el que quedaba, señores) y nuestras dos intrépidas aventureras arrastraban sus mochilas con cierta euforia a ratos camuflada de desgana y/o preocupación por la lejanía intrínseca de aquel hotel ya pagado a través de lastminute.com.

Por fin atravesar tantas grandes avenidas inhóspitas dio sus frutos y llegaron hasta la mismísima puerta del hotel. ¡Cuan bello era! Dejaron las maletas y con las mismas se fueron a investigar el centro. Tenían 400 euros entre las dos y unas ganas inmensas de pulirse semejante pastizal en atracones diarios de mejillones: moules et frites, el plato belga por antonomazia.

La recepcionista Les We Can del hotel había confesado que se encontraban a 2km de la Grand Place, caminando unos 20-25 minutos. ¡Mierda pura! se lamentaron Brujulilla y Pacotilla. Atravesaron de vuelta Alberto II y tomaron el Boulevard Émile Jacqmain. Eran las 12 del mediodía, momento ideal para gozar un buen piscolabis en cualquiera de las terracitas al sol repletas de ejecutivos bruselenses...



continuará...






domingo, 17 de abril de 2011

¿Post equivocado pero profético?

Llevo todo el día en la London Book Fair y lo que más miedo me ha dado es que ya no hay libros, hay libros electrónicos o libros de papel (ebooks o pbooks). No. Me niego. Un libro es un libro. Un ebook es una mierda, digo un ebook. Me está costando tanto todo. Dentro de diez años, o menos, ya estarán todas estas novedades totalmente establecidas y sabremos si vamos a tener que decir adiós a la palabra libro. ¿Va a quedarse obsoleta esta palabra? Para mí no. Igual que no tengo tele ni smartphone ni cámara de fotos y escribo a máquina. No sé si fue el Lector Ileso o Lector Iracundo el que dijo de Javier Marías que jactarse de usar a día de hoy una Olivetti es como ir en burro y sacar pecho. Me hizo muchísima gracia, pero I'm afraid que yo igual.

Digo que me cuesta pero supongo que tarde o temprano esta ola digital me cogerá y no tengo muchas ganas pero yo que sé, reconozco que estamos en una nueva era (bye bye Gutenberg) que está aquí para quedarse y ¿hacer obsoleto lo que hasta ahora había? No lo sé. Yo no quiero. Todos los grandes editores repiten que el libro jamás morirá, como no ha muerto la bici. ¿Es sólo miedo al cambio?

Esto lo escribí el lunes, cuando de verdad fui a la feria, y resulta que estaba equivocada: pbook no se refiere a paper-book sino que es el ebook de Mac, o algo así me han contado. Me da igual, mira tú, yo me lo creí totalmente, lo de que a partir de ahora se hablará de libros electrónicos y libros de papel. Porque soy capaz de imaginarme este realidad, esta soplapollez con sus maquinitas y sus scroll down y sus, sí, clicks.

Me voy a Bruselas. A la vuelta haré crítica, que nunca hago, de mis chicas: Jenny Diski y Lynne Tillman.

sábado, 9 de abril de 2011

Encrucijadas, so what?

Los modernos piensan que soy una intelectualoide; los intelectualoides que soy una moderna. No soy ni lo uno ni lo otro, ni ganas. ¿O sí? ¿De qué? Es como cuando de pequeña decía en el colegio que me gustaba un vecino, y a los vecinos que me gustaba uno de mi clase. Y quien de verdad me gustaba era una de mis entrenadoras de patinaje. Me gustaba mucho. Tanto como Cybill Shepherd, o Lauren Bacall. Intuía que algo no era normal y por eso me callaba muchas cosas. Me automaticé yo solita, y no sólo por saberme lesbiana, ni tampoco me faltaron ayudas familiares. Pero en fin, lo hecho hecho está. Ahora escucho Manel sin parar, me maquillo cuando salgo, siempre tengo las uñas pintadas y acabo de reunir mis textos preferidos en un manuscrito que se están leyendo (¿lo estarán haciendo?) ciertas personas de confianza suma. El único comentario hasta el momento ha sido positivo. Mis días como librera sexy parece que van llegando a su fin. Voy a reinventarme. Padezco una crisis de los 30 brutal, pero durante todos estos años he ido amasando una biblioteca estupenda. Me encanta la palabra estupenda. ¿Madrid? ¿Barcelona? Londres es tan bonito. Me va a costar horrores abandonar todo esto. Y miedo. Ya está. Ya lo he dicho. Me voy de fiesta, a Dalston. ¡Y las que me quedan! Y no pasa res... dicen Manel...