El miércoles empecé a notar que mi estómago andaba graciosillo, y el jueves la médico corroboró mis sospechas: gastroenteritis. Mucha dieta, mucho Sueroral (¡no al Aquarius como imposición médica!) y mucho papel higiénico.
Ya el jueves, tras pasar una noche espantosa a base de tiriteos, visitas-sorpresa al lavabo y un dolor machacón de cabeza, mandé un SMS a Magny (mi conocida falta de saldo habitual me impidió llamarle) para hacerle partícipe de mis malas nuevas. Muy amablemente Magny me contestó otro SMS: "Ok, mejórate".
La noche del jueves ha sido mucho mejor que la anterior, pero hoy viernes he optado por volver a faltar al curro tras concluir que desviarme la centralita al lavabo habría sido del todo imposible (otra cosa es que hubieran entrado llamadas o no).
He llamado (esta vez sí) a Magny pero me ha saltado el buzón de voz. Le he dejado un mensaje, pero aún así he llamado al Segundo Socio. Conversación real omitiendo nombres reales:
SS: ¿Sí, dígame?
L: Hola Segundo Socio, soy Lucía.
SS: (silencio)
L: Mira, he llamado a Magny y le he tenido que dejar un mensaje en el contestador. Que ayer fui al médico y tengo gastroenteritis, así que hoy también me voy a quedar en casa reposando.
SS: Entonces... ¿no estás en la Oficina?
L: No, Segundo Socio, te acabo de decir que tengo gastroenteritis y no me encuentro muy bien.
SS: (al camarero) Disculpe, no me sirva ya el te que no hay nadie en la Oficina y me tengo que ir para allá. (A mí) Es que no tenía ni idea de que no estuvieras en la Oficina.
L: Ya, Segundo Socio, la verdad es que no puedo ir. El lunes ya vuelvo seguro.
SS: Vale, muy bien. Hasta el lunes.
.........................
¿Por qué da explicaciones al camarero? ¿Por qué pasa de mi gastroenteritis? ¿Por qué trabajo con este ser? ¿Cómo puede haber alguien tan poco sensible a todo lo que no sea él mismo?
viernes, 29 de febrero de 2008
¡Chincha rabincha, mi Magnate es mejor que el tuyo!
En el cole (¿quizás sólo en el mío?) se oía entre los niños a menudo la frase "pues mi papá es el dueño del colegio". Por supuesto, mentira cochina, pero al decir aquello te sentías casi intocable. Nada podía superar a un padre que fuera dueño del segundo hogar de tantos.
Pues bien, hoy miércoles he tenido un dèja-vu serio-serio: Magny (a partir de ahora llamaré así al Magnate) me ha pedido que confirmara el bello desayuno que mañana jueves tenía con otro Magnate en el Ritz, nada menos.
(Inciso para dejaros saber a todos que no sólo por fin he terminado El Libro de Buen Amor sino que también he actualizado hasta la última dirección del Tarjetero. La vida es bella)
He llamado a la Secretaria del otro Magnate (mujer, claro) y la buena moza se ha alarmado sobremanera al comprobar en la agenda de su dueño que el ya mencionado desayuno aparecía en la columna del viernes. Gracias a Dios (o a una silla, lo mismo me da) de momento yo no le llevo la agenda a Magny. Y es curioso, porque fui contratada específicamente para eso y para hablar inglés cuando llamaran los de la empresa tecnológica londinense que Magny ha comprado hace poco. Lamento comunicar que lo único que sé de Londres es lo que cuenta el señor Ildígoras, el corresponsal allí de TVE / La Primera, y con respecto a la agenda aún estoy esperando el momentazo en que Magny se quite el pinganillo de la oreja (su agenda está en su móvil Blackberry tope guay) y me ceda el teléfono los cinco segundos que necesito para volcar la agenda en mi ordenador.
Ha sido una situación tensa. He llamado a Magny y me ha exigido inflexibilidad total para ganar la batalla. Pero la otra Secretaria tenía idénticas instrucciones, y lo que es peor: ella quería luchar. Así me he visto obligada a cortar la comunicación antes de que ella me espetara el terrorífico "mi Magnate es mejor que el tuyo".
Al final la cosa ha quedado en tablas y el desayuno se celebrará la semana que viene. Ahora sólo espero no enterarme jamás de la cantidad tan hortera que el Magnate menos poderoso deberá apoquinar por un par de cafeses y de croasanes. ¡Vamos Magny, duro con él!
Pues bien, hoy miércoles he tenido un dèja-vu serio-serio: Magny (a partir de ahora llamaré así al Magnate) me ha pedido que confirmara el bello desayuno que mañana jueves tenía con otro Magnate en el Ritz, nada menos.
(Inciso para dejaros saber a todos que no sólo por fin he terminado El Libro de Buen Amor sino que también he actualizado hasta la última dirección del Tarjetero. La vida es bella)
He llamado a la Secretaria del otro Magnate (mujer, claro) y la buena moza se ha alarmado sobremanera al comprobar en la agenda de su dueño que el ya mencionado desayuno aparecía en la columna del viernes. Gracias a Dios (o a una silla, lo mismo me da) de momento yo no le llevo la agenda a Magny. Y es curioso, porque fui contratada específicamente para eso y para hablar inglés cuando llamaran los de la empresa tecnológica londinense que Magny ha comprado hace poco. Lamento comunicar que lo único que sé de Londres es lo que cuenta el señor Ildígoras, el corresponsal allí de TVE / La Primera, y con respecto a la agenda aún estoy esperando el momentazo en que Magny se quite el pinganillo de la oreja (su agenda está en su móvil Blackberry tope guay) y me ceda el teléfono los cinco segundos que necesito para volcar la agenda en mi ordenador.
Ha sido una situación tensa. He llamado a Magny y me ha exigido inflexibilidad total para ganar la batalla. Pero la otra Secretaria tenía idénticas instrucciones, y lo que es peor: ella quería luchar. Así me he visto obligada a cortar la comunicación antes de que ella me espetara el terrorífico "mi Magnate es mejor que el tuyo".
Al final la cosa ha quedado en tablas y el desayuno se celebrará la semana que viene. Ahora sólo espero no enterarme jamás de la cantidad tan hortera que el Magnate menos poderoso deberá apoquinar por un par de cafeses y de croasanes. ¡Vamos Magny, duro con él!
martes, 26 de febrero de 2008
Bonito martes
Cuando ha vuelto el Segundo Socio de comer (a las 17:00 y se había marchado a las 13:45) me ha pillado echada sobre la mesa con las manos masajeando mi bello cuero cabelludo.
'¿Alguna novedad?' ha preguntado.
'No' he respondido yo sin levantar la cabeza.
'¿Qué te pasa?' se ha interesado por fin.
'Que me duele la cabeza' me he sincerado.
'A mí también' (le ha faltado decir 'a mí más') '¿Quieres un neobrufen?'
'No gracias'
'¿Sabes por qué creo que me (a él, lo mío ya se le ha olvidado) duele tanto la cabeza?'
'No'
'Por estos cambios de temperatura tan radicales que está habiendo estos días'
Silencio por mi parte.
Si él se hubiera molestado por mi salud, y si yo hubiera sido sincera hasta el final, el Segundo Socio sabría cosas sobre mí que ni siquiera sospecha: que me quedo frita sobre mi mesa a menudo (literal), que veo capítulo tras capítulo de Lost (literal. Hoy: 3), que no puedo más, que esto no se lo deseo a nadie...
Ayer me leí en un rato Buenos días, pereza (Corinne Maier), que explica cómo y por qué el ejecutivo medio (o asalariado) que trabaje en una gran multinacional debería sobresalir en el parecer que hace cuando en realidad no hace nada. Y nunca jamás deberá creerse patraña alguna que sus jefes traten de colocarle: que esta es una gran oportunidad para ti, que tu esfuerzo se verá recompensado, que pronto tendrás derecho a plaza de parking... El libro no supone el descubrimiento del agua caliente (o, como debe de decirse en Francia, de la sopa con ajo), pero se lee en un momento y te hace soltar alguna que otra carcajada que suele oscilar entre la ira tras reconocerte en algún ejemplo y la solidaridad/pena para con quien realmente se traga tales necedades y se esfuerza en dar lo mássssssimo.
'¿Alguna novedad?' ha preguntado.
'No' he respondido yo sin levantar la cabeza.
'¿Qué te pasa?' se ha interesado por fin.
'Que me duele la cabeza' me he sincerado.
'A mí también' (le ha faltado decir 'a mí más') '¿Quieres un neobrufen?'
'No gracias'
'¿Sabes por qué creo que me (a él, lo mío ya se le ha olvidado) duele tanto la cabeza?'
'No'
'Por estos cambios de temperatura tan radicales que está habiendo estos días'
Silencio por mi parte.
Si él se hubiera molestado por mi salud, y si yo hubiera sido sincera hasta el final, el Segundo Socio sabría cosas sobre mí que ni siquiera sospecha: que me quedo frita sobre mi mesa a menudo (literal), que veo capítulo tras capítulo de Lost (literal. Hoy: 3), que no puedo más, que esto no se lo deseo a nadie...
Ayer me leí en un rato Buenos días, pereza (Corinne Maier), que explica cómo y por qué el ejecutivo medio (o asalariado) que trabaje en una gran multinacional debería sobresalir en el parecer que hace cuando en realidad no hace nada. Y nunca jamás deberá creerse patraña alguna que sus jefes traten de colocarle: que esta es una gran oportunidad para ti, que tu esfuerzo se verá recompensado, que pronto tendrás derecho a plaza de parking... El libro no supone el descubrimiento del agua caliente (o, como debe de decirse en Francia, de la sopa con ajo), pero se lee en un momento y te hace soltar alguna que otra carcajada que suele oscilar entre la ira tras reconocerte en algún ejemplo y la solidaridad/pena para con quien realmente se traga tales necedades y se esfuerza en dar lo mássssssimo.
viernes, 22 de febrero de 2008
Dos momentos estelares de una asistente personal
1. El Segundo Socio está encerrado con alguien en la Sala de Reuniones y le oigo decir: "Espera, que le voy a pedir a la niña un boli". Acto seguido me pide un boli.
2. El Magnate tiene que ir a Londres la semana que viene. Ida y vuelta en el día. Me encarga que le saque los billetes. Llamo a la agencia de viajes y tres vuelos se ajustan al horario de sus reuniones: dos cuestan 450 euros (Easyjet y Air Comet) y uno 1500 (Iberia / Bristish Airways). Le mando un e-mail con toda la información y ¿qué me contesta?:
'Yo vuelo en Business'.
¿Y qué tendría que haberle contestado yo?:
'Yo cobro al mes harto menos de lo que tú te pules en un día en contaminar el cielo mientras bebes champán ansioso por llegar a tierra para poder encender tu móvil y hacer o recibir la siguiente llamada importantísima'

Pero no lo hice. Suspiré profundamente y llamé de vuelta a la agencia para cometer una inmoralidad.
2. El Magnate tiene que ir a Londres la semana que viene. Ida y vuelta en el día. Me encarga que le saque los billetes. Llamo a la agencia de viajes y tres vuelos se ajustan al horario de sus reuniones: dos cuestan 450 euros (Easyjet y Air Comet) y uno 1500 (Iberia / Bristish Airways). Le mando un e-mail con toda la información y ¿qué me contesta?:
'Yo vuelo en Business'.
¿Y qué tendría que haberle contestado yo?:
'Yo cobro al mes harto menos de lo que tú te pules en un día en contaminar el cielo mientras bebes champán ansioso por llegar a tierra para poder encender tu móvil y hacer o recibir la siguiente llamada importantísima'

Pero no lo hice. Suspiré profundamente y llamé de vuelta a la agencia para cometer una inmoralidad.
lunes, 18 de febrero de 2008
¿Dónde trabajas? En un sitio con internet
Hoy tampoco ha venido nadie por aquí (salvo un mensajero que traía un plasma fenomenal y un comercial que ha conseguido colocarme una máquina de agua. ¡Cómo se nota que pagan otros!).
La banda sonora de esta mañana tan productiva ha corrido a cargo del MySpace de The Beautiful South. A ver si me acuerdo de traer algunos cedeses y deuvedeses.
Lo único destacable que he hecho hoy ha sido quedarme dormida sobre la mesa de la Ofi y babear (verídico). Luego me he sentido mejor, más despierta, y he descargado el Google Earth en el ordenador para comprobar qué pinta tiene mi nueva aventura deseada: Hay-on-Wye.

Se trata de un pequeño pueblito galés, muy próximo a la frontera con Inglaterra, que ostenta el record de mayor número de librerías de segunda mano del mundo. En mayo celebran un Festival Internacional de Literatura que dura unos diez días. Cuando vivía en Edimburgo quise ir un año a trabajar allí, pero me apunté demasiado tarde y sólo quedaban puestos de voluntarios totales sin derecho a acomodación gratuita. Este año pretendo hasta que me paguen. De momento trato de organizar un viaje relámpago de fin de semana para inspeccionar el terreno y tratar de acordar algo con algún organizador. (Ro mi idea de ir a Malta sigue en pie, ¡no temas!).
Cambiando de tercio: mi padre lleva una semana insistiendo para que trate de sacar una plaza como ayudante de profesor universitario (mi mamá y mi papá son ambos profes de universidad). Dicho puesto conlleva el impartir alguna asignaturita optativa a cambio de un sueldo decente y un tiempo y espacio inmejorables para empezar y terminar tu doctorado... ¡¿Qué doctorado?!
Tengo dos grandes reparos a semejante idea:
- No sé hablar en público, no me sale natural, no me sé expresar oralmente, me pongo más roja que nunca, etcéteras.
- Sólo mis sueños de aventura tipo Hay-on-Wye hacen que pueda seguir hacia adelante. Un futuro a largo plazo en Madrid me provoca unos sudores malignos no deseados.
jueves, 14 de febrero de 2008
La soledad dura diez horas
Claro que es divertido poner a las 17:15 el MySpace de Fangoria a todo volumen en esta oficina fantasmal en la que habito. Y bailar como una loca sobre la moqueta que enguarra tu pelo.
Estas han sido mis acciones de hoy:
Levantarme a disgusto, ducharme, desayunar un plátano, preparar una pasta con chorizo en cero coma, vestirme, peinarme, lavarme los dientes.
Caminar al metro, cogerlo, cambiar al tren, caminar hasta la Ofi, prepararme un té con galletas, conversar con el Segundo Socio mientras él esperaba a que despegara el avión que debía llevarle a Barcelona.
Atender a la mujer del Segundo Socio que vino a traerme unos documentos, imprimir dichos documentas en color, encuadernarlos, llamar al mensajero.
Contestar un e-mail relativo a las nuevas tarjetas de visita de los socios, firmar los albaranes de recogida y departir un rato sobre squash con el mensajero. Atender dos llamadas, dos.
Calentar la pasta en el microondas, comer, hacer cuentas sobre mi futuro monetario, estudiar latín, hacer una lista con los objetos necesarios que tengo que comprar para la Ofi (platos, cubiertos, alicates decentes y tazas)
Chequear mi e-mail unas 35986 veces, mirar paridas en internet, descubrir el significado de "paremiología", beber mucha agua, autoexaminarme de la 1ª y 2ª declinaciones latinas.
Por todo esto me ha venido Fangoria a la cabeza y he tenido que escuchar a todo trapo su bella canción Miro la vida pasar.
Yo antes trabajaba en una librería de segunda mano estupenda. Y llevábamos el dinero en una riñonera.
miércoles, 13 de febrero de 2008
Prefiero comer cocido...
... (y quien me conozca bien sabrá cuán serio es esto)
Hoy tuve que masticar mis míseros sandwiches de queso sin tomate en el mismo banco en el que me quedé roque la semana pasada. Es un fastidio cuando dan las 14.30 y alguno de los socios continua trabajando en proyectos importantes en lugar de irse a comer. Es peor aún cuando se trata del Segundo Socio. Prefiero comer a la entemperie y que entre bocado y bocado me castañeteen los dientes antes que pasar ni un segundo más de lo necesario cerca de ese ser.
No puedo con él. ¿Cómo puede alguien tardar media puta hora en decidirse a apretar el botón de ACEPTAR para imprimir una mierda de Word de cuatro páginas y sin dibujos?: "¿Qué te parece? ¿Pongo más sangría en este párrafo? ¿Quedará bien?"... Por su CULPA ya me he jodido personalmente en varias ocasiones. A saber:
- Un viernes, aún habiéndolo pedido el miércoles, llegué a por mi finiquito en la Fnacaca justo a tiempo para quedarme con mi cheque en la mano frente a la sucursal del banco recién cerrado. A las 12.30 empecé a avisar: "Me voy a ir marchando, que entre que me dan el cheque, lo cobro y lo ingreso en mi banco..." "Sí, sí, no te preocupes, sólo necesito que me ayudes a imprimir cuatro hojitas". A las 13.30 salía disparada rumbo a Callao. Obviamente no me dio tiempo.
- Ayer martes de mi tercera semana lo mismo. ¿Cómo puedes tener a una persona de 9.30 a 19.00 sin hacer NADA de NADA, y cuando a las 19.05 se despide de ti le pides que te ayude a imprimir otra cosita... y tener la conciencia tranquila? No mentí al contestarle que una amiga me esperaba abajo. "Si es un momento, no te preocupes". Al final tuve a mi amiga esperándome treinta y cinco minutos.
A ver, si una tiene que quedarse, pues se queda (igual que a veces me voy antes de tiempo si procede), pero no me parece normal que la ÚNICA cosa que tengo que hacer me la pidan cinco minutos después de mi hora de salida. En serio, es tan absurda esta posición que ni siquiera considero que esté actuando en plan a las siete se me cae el boli. El puto boli está todo el día tirado en el suelo.
Aparte de esta inseguridad enervante, el Segundo Socio destaca también por lo mucho que se queja (he dormido mal, he comido demasiado, estoy agotado de ayer, me duele la cabeza como nunca, no me apetece nada mañana...) y porque JAMÁS se dirige a nadie con un por favor en los labios, para ninguna cosa. Así, frases que con un por favor al principio o al final serían normales se convierten en órdenes sin ton ni son. Es inaguantable. Por no hablar de cuando me llama a su despacho y me enseña las tres mil fotos de su familia el verano pasado en Francia. Jibi total.
Hoy tuve que masticar mis míseros sandwiches de queso sin tomate en el mismo banco en el que me quedé roque la semana pasada. Es un fastidio cuando dan las 14.30 y alguno de los socios continua trabajando en proyectos importantes en lugar de irse a comer. Es peor aún cuando se trata del Segundo Socio. Prefiero comer a la entemperie y que entre bocado y bocado me castañeteen los dientes antes que pasar ni un segundo más de lo necesario cerca de ese ser.
No puedo con él. ¿Cómo puede alguien tardar media puta hora en decidirse a apretar el botón de ACEPTAR para imprimir una mierda de Word de cuatro páginas y sin dibujos?: "¿Qué te parece? ¿Pongo más sangría en este párrafo? ¿Quedará bien?"... Por su CULPA ya me he jodido personalmente en varias ocasiones. A saber:
- Un viernes, aún habiéndolo pedido el miércoles, llegué a por mi finiquito en la Fnacaca justo a tiempo para quedarme con mi cheque en la mano frente a la sucursal del banco recién cerrado. A las 12.30 empecé a avisar: "Me voy a ir marchando, que entre que me dan el cheque, lo cobro y lo ingreso en mi banco..." "Sí, sí, no te preocupes, sólo necesito que me ayudes a imprimir cuatro hojitas". A las 13.30 salía disparada rumbo a Callao. Obviamente no me dio tiempo.
- Ayer martes de mi tercera semana lo mismo. ¿Cómo puedes tener a una persona de 9.30 a 19.00 sin hacer NADA de NADA, y cuando a las 19.05 se despide de ti le pides que te ayude a imprimir otra cosita... y tener la conciencia tranquila? No mentí al contestarle que una amiga me esperaba abajo. "Si es un momento, no te preocupes". Al final tuve a mi amiga esperándome treinta y cinco minutos.
A ver, si una tiene que quedarse, pues se queda (igual que a veces me voy antes de tiempo si procede), pero no me parece normal que la ÚNICA cosa que tengo que hacer me la pidan cinco minutos después de mi hora de salida. En serio, es tan absurda esta posición que ni siquiera considero que esté actuando en plan a las siete se me cae el boli. El puto boli está todo el día tirado en el suelo.
Aparte de esta inseguridad enervante, el Segundo Socio destaca también por lo mucho que se queja (he dormido mal, he comido demasiado, estoy agotado de ayer, me duele la cabeza como nunca, no me apetece nada mañana...) y porque JAMÁS se dirige a nadie con un por favor en los labios, para ninguna cosa. Así, frases que con un por favor al principio o al final serían normales se convierten en órdenes sin ton ni son. Es inaguantable. Por no hablar de cuando me llama a su despacho y me enseña las tres mil fotos de su familia el verano pasado en Francia. Jibi total.
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